¿Por qué el consumo de pollo casi iguala al de la carne vacuna en la Argentina?

12.05.2019 19:29

Para Roberto Domenech, titular de CEPA, se ha convertido en un hábito que responde a algo más que un fenómeno de precio. 

Guillermo D. Rueda
grueda@lanueva.com

   “Lo que vivimos en lo que va del año es un trasvamiento que nos sitúa en un consumo de pollo del orden de los 43/45 kilos (por habitante por año). Creo que no es raro pensar que, en un futuro, la carne de pollo iguale al consumo de la carne bovina. No sería el único país en estas condiciones; Brasil es un ejemplo de eso”.

   Para Roberto Domenech, presidente de Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), tal circunstancia no se daría “dentro de ninguna pelea. Tiene que ver con los momentos”.

   El consumo de carne bovina perforó el piso de los 50 kilos por habitante por año en los primeros tres meses de 2019 (en forma interanual) por primera vez en la historia contemporánea, al marcar 49,6 k/h/a.

   “Con este movimiento de la carne bovina, en especial en cuanto a precio, se produjo un impacto que hizo caer el consumo. Y ahí apareció la carne de pollo”, explicó el directivo.

  “De golpe recibimos una demanda completamente atípica que se dio a fin de febrero, donde el sector venía con precios bajos estacionales. Es inevitable, porque con los calores corremos riesgos de mortandad y entonces estábamos en los 2,7 y 2,8 kilos vivo para faena, cuando hoy es de 3,1 y 3,3 kilos”, dijo Domenech, en diálogo con “La Nueva.”.

   “Lo que pasa es que tenemos una gran tradición. Si nos remontamos a 35 o 40 años, consumíamos 90 kilos de carne bovina, y hace 25 años estábamos en 78 kilos. Es decir, ha ido bajando y, en parte, trasladándose a la exportación”, afirmó.

   Domenech sostuvo que esta fue una de las razones para la creación de la denominada Mesa de las Carnes.

El pollo siempre está en góndola, una de las claves del crecimiento del sector.

   “Pretendemos darle tranquilidad absoluta a la población, y a los gobiernos, de que proteína animal no va a faltar y que estará a un precio razonable”, dijo.

   “Lo que sí algo es cierto: no siempre serán las mismas carnes. Habrá oportunidades, como ahora tuvo la carne bovina, en que posee demanda internacional. La Argentina ha vuelto a ocupar el lugar que tuvo en materia de exportaciones y eso modificó los valores. Hoy la gente se desplaza hacia el pollo o hacia el cerdo, manteniendo aquel hábito, pero en menor cantidad”, detalló.

   “El consumo de carne total en la Argentina, que está en el orden de los 117/120 kilos por habitante por año, es un mercado de suma cero. Nuestro sector va a vender más porque se va a consumir menos de otro; y así sucesivamente”.

   —Domenech, ¿es bueno o es malo que suba el consumo de pollo en el país?

   —A ver. Hace 40 años no había alternativa, ya que la avicultura industrial solo tenía 10 años. Pero acá hay una razón fundamental: la carne bovina estuvo siempre a un valor que no tenía nada que ver con los valores internacionales y con lo que cuesta hacer un novillo, con el tiempo que demanda y demás.

   “Gradualmente fue poniendo distintos cortes para el mercado interno en valores aproximados a los internacionales. En el caso del pollo, arrancó siendo un producto caro, porque era selectivo y, en la medida que creció en producción, fue haciéndose un consumo de hábito. Hoy me animo a decir que no hay casa donde no se coma pollo, por lo menos, dos veces por semana; en otras tres y en algunas cuatro”, dijo.

   “Eso, de alguna manera, ha generado el equilibrio. En los Estados Unidos se consume de la misma manera: 20 kilos de cerdo; 42/43 kilos de pollo y 38/41 kilos de carne bovina y Brasil, 45 kilos de pollo; 38 de bovinos y 18/20 kilos de cerdo. Es decir, el mundo está más o menos así.

   “Planteado el tema desde el pollo entiendo que, por su equilibrio, esta modificación de consumo es positiva para la Argentina”.

   —¿La corrección es solo por el precio?

   —El lugar que consiguió el pollo y el volumen de consumo tiene un factor principal y es determinante en el mundo entero: el precio. Es, por lejos, la carne más económica. Es la más barata en comparación con cualquier otra.

   “En el mercado internacional una pechuga cuesta 2.800/3.000 dólares la tonelada. Un cuarto trasero vale U$S 1.300 (Tn.). Y cualquier corte de carne bovina cuesta de 7.000 a 11.000 dólares (la tonelada).

   —Algunas amas de casa dicen que el rendimiento del pollo no es el mismo que el de la carne vacuna...

   —Son productos distintos. Nosotros estamos desarrollando un focus group, donde se encuesta a gente de diferentes edades.

   “Comprobamos que se hace un aprovechamiento total. En general, y excepto la suprema o eventualmente una pata muslo deshuesada o un pollo a la parrilla, en el resto de las alternativas va como proteína animal dentro de un conjunto de productos. Es decir, el arroz con pollo es un complemento o una parte de lo que uno denominaría guiso; un wok es igual. Son comidas elaboradas que complementan”.

   —¿Qué sucede con los menudos?

   —Tuvo una época brillante cuando la avicultura no era industrial y hoy alcanzan un mercado internacional. Entiendo que los menudos podrían tener un mejor precio en el mercado interno, más accesible, pero no tiene respuesta de consumo. Esa es la verdad.

  —¿Cuáles fueron los objetivos de la cadena para llegar a esta realidad?

   —El sector siempre fue creciendo, pero había dos elementos que eran claves. Uno, poder abrirse a la exportación, porque es lo que permite una mejor administración del stock.

   “El otro es un proyecto de crecimiento que pusimos en práctica en 2002, donde quedamos en una posición muy favorable para poder exportar y la capitalizamos. Eso nos permitió tomar una escala muy importante y, en consecuencia, cuando estuvimos muy bien posicionados para exportar, tomamos un compromiso para el mercado interno y tuvimos un crecimiento sostenido, con 10 años continuos y mucha inversión por el acceso al crédito para la inversión.

   “Este fue un aspecto vital, porque el sector pasó de 20 millones a 67 millones de pollos mensuales, como sucede hoy, y eso no nace así porque sí. Hay que hacer más galpones; hay que hacer más rápido el proceso de faenado; sumar logísticas y transformar una tecnología atrasada por las continuas crisis.

   “Esto posibilitó que nos pusiéramos a tono con las nuevas tecnologías. Pero ahora estamos, por lo menos, cinco años atrasados en inversiones. Hay que tener en cuenta que este es un sector que demanda una inversión permanente, que empuja a la mejora genética y a las investigaciones sobre alimento balanceado. Hay que estar encima”.

   —¿Se avizora un crecimiento para el sector?

   —Nosotros consumimos entre 43 y 45 kilos (h/a), como se está registrando en ese trimestre, pero producimos 53 kilos, ya que hay 8 o 9 que se van a la exportación.

   “Ahora vemos que están mejorando los precios internacionales que, en el caso del pollo, estuvieron muy complicados. Dentro de eso es importante que podamos tener una mayor cantidad de exportadores. Así, la semana pasada llegó la habilitación de seis nuevas plantas avícolas para exportar a China, para totalizar 20 frigoríficos. Los 14 que estaban disponibles trabajan con China, que es el principal destino de nuestras exportaciones, con casi el 25 %”, sostuvo Domenech.

   El sector llegó a exportar alrededor de 800.000 toneladas por año entre 2011 y 2012, pero luego cayó a las 300.000 Tns.

   “Para hacer una avicultura previsible y estable, el mercado interno debe tener una participación en la exportación. Exportamos el 14-15 % y tenemos una aspiración de poder llegar al 25 %, pero con un mercado con un consumo tan alto como el que tenemos, que se torna inelástico si no tenemos el beneficio de otra cadena cárnica, cuando sobra pollo la única manera de ajustar las producciones y el consumo es con precio.

   “Justamente, no se puede operar hoy con un precio muy bajo y mañana con uno alto; hay que tener una estabilidad de este sentido y eso te lo da la exportación”.

   Las exportaciones argentinas de pollo en 2018 fueron de 230.000 toneladas. Para este año se prevén unas 260.000 Tns. En el año 2018 ingresaron al país 460 millones de dólares y para este año se estiman U$S 520 M. El sector avícola tiene una retención de 3 pesos por cada dólar exportado.

Diversificación y carne vacuna

Por Adrián Bifaretti
Jefe de Promoción Interna del IPCVA.

   La diversificación del consumo de proteínas cárnicas en la Argentina permitiría que la cadena de ganados y carne vacuna transiten con menos presiones —y conflictos— su proceso de construcción de competitividad, en base a los crecientes requerimientos y exigencias de mercados cada vez más globalizados.

   El hecho de que la carne vacuna se comporte como un bien salario en nuestro país, que las industrias cárnicas (salvo excepciones) no demuestren una actitud innovadora agresiva y que la calidad sanitaria y nutricional no sean consideradas como variables determinantes de la demanda, define un escenario particular en el que las posibilidades de diversificar el consumo podrían incrementarse, logrando un conocimiento más acabado de las fortalezas y debilidades de cada una de las carnes alternativas desde la percepción de los consumidores.

   En tal sentido, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) ha generado —con la consultora TNS-Gallup Argentina— información de relevancia, que ha sido publicada en el libro El consumo de carne vacuna en Argentina.

   En este trabajo, en el que se analizan los atributos funcionales de los diferentes tipos de carnes, se demuestra cómo los hogares argentinos otorgan una posición preferente a la carne vacuna en relación al rendimiento, su adecuación a distintas cocciones y al paladar familiar.

   Sin embargo, también se señalan aquellos atributos en los que la carne de pollo se acerca bastante a lo que el argentino considera como carne ideal y, también, los puntos débiles del cerdo que deberían atenderse y mejorarse para que esta carne pueda funcionar como una alternativa concreta frente a la carne vacuna.

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