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¿Se puede revertir la desertificación social instalada en los pueblos del interior?

10.09.2018 18:10

Más allá de la rentabilidad y de un fenómeno que no es nuevo ni regional, existen herramientas para mitigar el proceso. El peso de la agricultura familiar.

La tendencia obliga a innovar en desarrollo. / Fotos: Pablo Presti, Emmanuel Briane y Rodrigo García-La Nueva.

   "El éxodo rural implícito deriva en desertificación social que, de hecho, acelera la desertificación ecológica".

   "La contracara se manifiesta en una alta distancia producción-consumo y el colapso de grandes ciudades y megalópolis no planificadas".

   "Una política de descentralización y desconcentración nacional, a partir de la reconversión del complejo agroalimentario, sería el corolario natural de esta síntesis".

   Las tres definiciones corresponden a Tomás Loewy, bonaerense de Colonia Lapin, distrito de Adolfo Alsina, ingeniero agrónomo del INTA Bordenave (1973-2011) e investigador en desarrollo rural y en sociología.

   La presentación le da contexto a la siguiente pregunta: ¿Por qué se continúan despoblando las localidades del interior de la Argentina? Naturalmente, no existe una única razón que defina la problemática y de allí que no sean sean pocas las interpretaciones, así como las eventuales formas de mitigarla.

Loewy agregó que, en tal marco, el sudoeste bonaerense podría hacer una contribución sensible a su aptitud territorial y provincial.

   "Entre otras alternativas, el planteo sería desde una ruralidad habitada y habitable, con tejido social y comunitario, con infraestructura, servicios y mejor calidad de vida", argumentó.

   También sostuvo que las migraciones internas, de las cuales casi ni se habla, alimentan un problema estructural enorme de la Argentina, en referencia a una hiperurbanización con profundas asimetrías regionales.

   “El ordenamiento territorial sería una política de Estado, pertinente, cuando el país decida mirar hacia el futuro. El ojo de la tormenta está en la provincia de Buenos Aires y el sudoeste no escapa a esa impronta”, indicó.

   Loewy sostuvo que una de las variables más relevantes, para el desarrollo, está centrado en la actitud frente a las pequeñas y medianas empresas por todo concepto. “Las más relegadas, y no casualmente, son las del ámbito agrario. Desde hace muchas décadas rige una política de concentración y deslocalización económica”, explicó.

Recordó Loewy que en, nuestra zona, ya existe un proyecto para viabilizar estas unidades productivas con adición de buenas prácticas. “Con estas premisas, de escala y tecnología, se configura la multifuncionalidad agrícola: residencia local, protección del ambiente y el paisaje, más generación de alimentos saludables”, dijo.

   También que las ventajas de este modelo son incontrastables. “Posee proyecciones multiescalares porque, simplemente, se apoya en sistemas sustentables. Su implementación, factible, es una inversión muy redituable para la sociedad", argumentó.

   "La prescindencia de componentes sociales y ambientales, frente a las productivas, es el factor clave de la situación actual; es decir, la proliferación de pueblos fantasma a partir de una virtual hegemonía del modelo agroindustrial o de agronegocios", manifestó Loewy.

La movilidad social

   “No despoblar el campo y no sobrepoblar los grandes centros urbanos”.

   El concepto, arraigado en Europa a poco que se comenzó a advertir una (preocupante) movilidad social, lo recordó el ingeniero agrónomo y periodista Daniel Valerio, exdirector de la revista Súper Campo.

   “Comprendieron que debían tomar una decisión. Por un lado, lo hicieron a través de acciones que, al menos algunas, pueden afectarnos como son las políticas proteccionistas. Y así armaron un andamiaje que sostiene un sistema de servicios de educación, salud e infraestructura en el interior de sus territorios”, explicó.

   “Pero aparecen otra serie de factores que, especialmente en la Argentina, pesan incentivando la migración hacia las grandes ciudades. Quizás el principal, o al menos el más globalizador, es la falta de políticas holísticas en las que se considere el gran poder económico del sector agropecuario, enmarcado en sus efectos e interacciones sobre el resto de la sociedad”, agregó.

   Valerio, quien es de Tres Arroyos, recordó que entre los motivos que se citan más frecuentemente como causantes del despoblamiento de las localidades del interior y del campo aparece, por un lado, la menor demanda de mano de obra que genera el acelerado avance de la mecanización agrícola y, por otro, la mayor oferta y diversidad laboral que ofrecen las grandes ciudades, así como los servicios de salud y educación.

   "Por ejemplo, ante la falta de políticas y leyes que regulen el uso y tenencia de la tierra en el país ha proliferado, en las últimas décadas, la llamada agricultura de doble piso, que es integrada por los rentistas propietarios de la tierra y de los arrendatarios que la cultivan", explicó.

   "Ese modelo, basado solo en el principio economicista que busca la rentabilidad a través de la gran escala, lleva a que cada arrendatario sume superficies, dejando fuera de carrera a propietarios con extensiones medias, o menores y que, por lo tanto, buscan refugio en otra actividad económica en las ciudades", agregó.

   Valerio indicó que esa tendencia tiene dos aspectos frágiles.

   "El primero es que depende casi exclusivamente de una variable fluctuante, como es la marca de las cotizaciones de los productos agrícolas en los mercados internacionales. Es decir, cuando los precios bajan los arrendatarios no pueden sostener los valores que venían pagando por los alquileres y a los propietarios les cuesta amoldarse a los nuevos niveles de renta que reciben por su tierra", afirmó.

   "Por otro lado, desde lo agronómico, la citada falta de leyes que regule el uso y tenencia de la tierra deriva en arrendamientos cortos, en la gran mayoría de solo un año, atentando contra la sustentabilidad del sistema", sostuvo.

   Asimismo, manifestó que esto llevó a que, hoy, cualquier indicador que se tome muestra una fuerte degradación ambiental, aún en los campos potencialmente más productivos del país.

   "Es que los arrendamientos por plazos cortos derivan en niveles insuficientes de fertilización y en la falta de rotaciones. Ese esquema productivo muestra que no fue la soja la que invadió, sino un modelo que le abrió los campos y los puso a su disposición", sostuvo.

   "Esto tiene consecuencias que no son neutrales desde el punto de vista ético, ya que afecta fuertemente a las generaciones futuras, restándoles posibilidades de mantenerse en el campo. Ese modelo ya tiene asegurado que los hijos no recibirán lo mismo que recibieron sus padres, aunque esto haya sido declamado en innumerables discursos del sector", admitió Valerio.

La agricultura familiar

   Para Valerio, otra de las causas que llevan al despoblamiento es la falta de políticas que colaboren con las unidades productivas más pequeñas.

   “Por el contrario, en estos días se continuó profundizando el desguace de la secretaría de Agricultura Familiar. De los 548 despedidos en la última semana del ahora exMinisterio de Agroindustria, 447 pertenecen a ese sector", recordó.

   "Sin embargo, aunque a la producción agrícola argentina se la asocia con establecimientos que siembran extensas superficies con cereales y oleaginosas, la estructura productiva definida en el rango de la agricultura familiar no es ajena al país, ni a sus vecinos. Por el contrario, la gran mayoría de los productores se encuadran en esta categoría", sostuvo.

   Las estimaciones del INTA indican que al menos ocho de cada diez unidades productivas del Mercosur pertenecen a la Agricultura Familiar. También señalan que de un total de 5,8 millones de establecimientos agropecuarios distribuidos en la Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Ecuador y Venezuela, el 83 % representan a ese segmento. Esto es, la Agricultura Familiar es el sector que sostiene la producción de alimentos en América Latina.

   En la Argentina, se estima que más del 65 % de los productores son agricultores familiares y que, entre ellos, aportan el 20 % del PBI agrícola.

   Entre otras cifras significativas, el sector genera el 62 % de la yerba mate y en sus manos se encuentra el 77 % del ganado caprino y el 49 % de los porcinos.

   Así, la Agricultura Familiar realiza aportes relevantes para las economías regionales y al mercado interno de alimentos, que podrían potenciarse en la medida que ese sector pueda salir de su escasez estructural y tener acceso a recursos que le permitan consolidar sus unidades productivas.

   Para la FAO, por ejemplo, las unidades de producción familiar construyen una economía social que pondera la ayuda recíproca, la integración, la participación y el interés por la comunidad, con metas que van más allá del lucro.

   "La comercialización es uno de los aspectos que la producción familiar necesita encauzar. Las diferencias en el poder de negociación entre los productores y los operadores comerciales obliga a generar políticas que eliminen las distorsiones en el suministro de alimentos", planteó el director de Pool de Periodistas.

   "En este sentido, se considera que la intervención del Estado para facilitar el acceso de la agricultura familiar a los circuitos de distribución aumenta la oferta de alimentos con beneficios directos, en precios y calidad, para los productores y los consumidores. Además, genera un ahorro energético y una reducción de la contaminación originada por el transporte de larga distancia", añadió.

   "A nivel mundial, vienen ganando terreno distintas modalidades englobadas en el concepto de los circuitos cortos de comercialización, que establecen una relación directa, o con muy baja intermediación, entre el productor y el consumidor. Estas alternativas comerciales, que resultan sumamente válidas para la agricultura familiar, crean nuevos lazos sociales y fomentan la equidad en los intercambios comerciales, a la vez que aportan al desarrollo regional", mencionó.

   Admitió Valerio que, tal como ocurre con la mayoría de las cuestiones, el despoblamiento del interior y del campo tiene innumerables fuentes, pero sólo podrá revertirse con una mirada integral del tema.

La falta de rentabilidad

   "Una de las mayores causas del despoblamiento de las localidades del interior está relacionada con la falta de conectividad en los campos", dijo María Marta Casali, de la Regional Bahía Blanca de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid).

   "Si llueve, por ejemplo, te quedás aislado porque no se puede transitar por los caminos para sacar la producción o para transportar ganado. Pero también quedás aislado de la escuela, de la atención médica o de la compra de productos básicos", describió.

   Respecto de los pueblos, Casali sostuvo que no tienen todo lo que, hoy, se necesita. "Cuando los chicos terminan la primaria ya se tienen que mover y la conectividad allí es clave. Si la señal es mala y los servicios de internet también lo son no se puede hacer mucho", dijo.

   "Se depende de eso y hoy existen innovaciones a las cuales no se puede acceder solo con los libros. La comunicación ahora la manejan los jóvenes y para ellos es parte indispensable de sus vidas", argumentó.

   Casali identificó a la falta de una rentabilidad adecuada en los establecimientos agropecuarios como otra de las razones de expulsión de gente de los pueblos.

   "Las unidades tienen que ser cada vez mayores y las familias, lamentablemente, siguen emigrando", afirmó.

   "Entiendo que este proceso no se va a detener, porque en el contexto de hoy es impensado pensar de otra manera, por lo menos hasta que no se resuelva el tema de la rentabilidad", dijo Casali.

 

   "En el sudoeste bonaerense sabemos que tenemos una producción limitada, lo que no quiere decir que no se puede incrementar con innovación, pero se requiere de un costo mayor y el aprendizaje de diferentes herramientas. E insisto: eso se debe afrontar con renta, algo que hoy no existe", indicó.

   "Cuando parece que la rentabilidad está, se empieza a diluir o a desaparecer. No veo que mejore en las actuales circunstancias, como las sucedidas esta semana con el regreso de las retenciones", amplió Casali.

Los modelos de desarrollo

   "Creo que hay diferencias entre regiones y, además, entre localidades de acuerdo con su tamaño. Al tema hay que relacionarlo con el éxodo rural hacia esos centros poblados y desde esos sitios hacia ciudades más importantes", dijo Marcelo Champredonde, coordinador del Proyecto Diferenciación y Valorización de Alimentos con Identidad Territorial del INTA Bordenave.

   Champredonde comentó que en las localidades pequeñas del sudoeste bonaerense los factores de emigración son variados.

   "En el distrito de Saavedra hay localidades chicas, como Espartillar, que son muy dinámicas y la población es estable. En otras, como Goyena, el relativo aislamiento y la escasa animación colectiva pueden ser el origen de que su población haya disminuido en comparación con la década del sesenta", indicó.
"Ciudades cabecera de distrito como Pigüé, o Coronel Suárez, han absorbido la gente que emigró de los campos o de los pequeños pueblos. La capacidad de retener gente ha sido en relación al desarrollo industrial y, también, a los empleos generados por el Estado. Suárez creció más que Pigüé de la mano de la industria del calzado y de la ropa deportiva", relató Champredonde.

   "También aporta el hecho de ser sede de instancias administrativas o de tener dependencias del Estado. En casos como el de Pigüé, la presencia de un destacamento del Ejército aportó, en otras épocas, a la generación de puestos de trabajo y, en las últimas décadas, a la demanda de bienes y servicios para los militares con destino en esa localidad", citó.

   "Claramente, la migración más frecuente de ciudades como las nuestras, hacia las más importantes, se da cuando los jóvenes terminan el secundario y se van a estudiar o a buscar opciones laborales más atractivas", expresó.

   Recordó Champredonde que el éxodo rural se inició en Europa en la Edad Media, cuando se comenzaron a formar las poblaciones urbanas.

 

   "Desde entonces, el éxodo no se ha detenido en Europa y algunos de sus efectos negativos fueron compensados por la migración hacia las colonias de ultramar, luego devenidos en países independientes", expresó el investigador nacido en Pigüé.

   "Entiendo que en la Argentina han tenido mucha influencia, sobre el éxodo rural, los modelos de desarrollo basados en la productividad y en la mecanización. En la región pampeana, por ejemplo, ha sido fuerte", dijo.

   "Acaso aportaron en partes iguales los modelos de desarrollo o la falta de políticas que promovieran el arraigo en las áreas rurales", admitió. Champredonde también sostuvo que el impacto fue importante en áreas marginales donde predominaron los modelos transferencistas, más que las estrategias de comunicación que conocieran mejor los saberes y prácticas de la gente y que hubieran podido acompañar la innovación desde esa perspectiva.

   "Por ejemplo, en muchos casos se propusieron biotipos animales de mayor productividad y el resultado fue la falta de adaptación de esas genéticas a los recursos forrajeros disponibles con impacto negativo en la productividad de los sistemas productivos", argumentó.

Un cambio social y profundo

   Para Braian Robert, revisor de cuentas de la comisión directiva de la Asociación de Ganaderos y Agricultores de Bahía Blanca y protesorero del Ateneo Juvenil de Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), no se puede pensar en un crecimiento de las localidades del interior si no se tiene en cuenta que el agro es quien más injerencia posee, directa e indirecta, en su crecimiento económico y laboral.

   “No se puede lograr un cambio social profundo referido a este tema sin políticas que lo fomenten, generando condiciones de vida adecuadas y facilitándole la gestión al emprendedor joven”, explicó.

   “Hay localidades que no tienen ni siquiera señal para llamar por celular. La sociedad, y con ella sus hábitos, cambia en cada generación, y creo inútil la discusión de 'si lo de antes era mejor que lo de ahora', sino que el eje de la cuestión debería ser cómo adaptarse a dichos cambios y satisfacer las demandas en pos de un crecimiento del interior del país, para aumentar el federalismo y disminuir el crecimiento desmedido de las grandes ciudades”, indicó Robert, cuyos familiares residen en la localidad de Jacinto Aráuz, en La Pampa.

   "El foco de la cuestión es el rango etario más joven, que determina que una población sea sustentable en el tiempo y crezca o, como se puede observar en varios casos, decrezca", agregó.

"Un joven de 18 años, que termina la secundaria y quiere seguir estudiando, ya sea una carrera universitaria terciaria o algún oficio, probablemente se tenga que ir a alguna ciudad", indicó.

   "A esto hay que sumarle que, muchas veces, también desean trabajar y estudiar al mismo tiempo, con lo cual deben migrar porque la posibilidad de trabajo a la que pueden acceder sin capacitación en los pueblos está saturada y la oferta académica a veces es escasa o, en algunos casos, nula", dijo Robert.

Tendencia al regreso

   “De todos modos, aprecio una leve tendencia de gente joven a volver a los pueblos o, incluso, a los campos, algunos de forma permanente y otros que van durante la semana y retornan el fin de semana porque tienen actividades, familia u otras programas”, dijo Robert.

   “Incluso, muchos de ellos buscan pueblos 'medianos', por decirlo de alguna manera, para poner su pyme, varias de ellas ligadas al sector agropecuario, el cual es un sector fundamental respecto de mano de obra y crecimiento económico”, agregó el joven.

   Según Fabián Brussa, jefe del área ganadera de la Escuela Agraria de Coronel Dorrego, lo que se necesita en los pueblos pequeños son fuentes de trabajo genuinos. "No se trata de responsabilizar al gobierno actual, al que estuvo o al que vendrá, pero acá está claro que la gente se va porque no tiene cómo progresar y no aparecen fuentes de trabajo alternativas", explicó.

   "En Coronel Dorrego existe espacio para hacer un invernáculo y producir tomates, u otras verduras, y nadie lo hizo. Esa es una posibilidad", citó.

   Brussa insistió en que hay que apostar por la producción. "Si no se puede con un parque industrial grande, podría ser un Sector Industrial Planificado (SIP), como el que hay en Dorrego que, de a poco, está creciendo", indicó.

   "Dicen que acá tenemos los mejores olivos de la Argentina. Además hay trigo, soja, maíz y girasol; en ganadería contamos con las mejores cabañas de genética bovina o ovina, aunque el frigorífico está cerrado y se podría transformar en un matarife que sea manejado con productores de acá y cumpliendo con todos los protocolos. Opciones existen", aseguró.

   Asimismo, el profesor de la Agraria dijo que los jóvenes dorreguenses que se van a estudiar a las grandes ciudades ya no regresan porque la oferta que tienen en esos sitios, u otros también importantes, siempre es mejor.

   Brussa es escéptico respecto del futuro. "Creo que este proceso de despoblación continuará. Si no se generan fuentes de trabajo genuinas, y no las que siempre subsidia el Estado, no vamos a poder crecer", sostuvo.

El campo ¿y el turismo?

* Extremos: Las localidades donde más impacto se advierte la caída en la población en nuestra región están directamente vinculadas con el sector agropecuario. En la vereda de enfrente, se advierte que las relacionadas con el turismo (estival como de todo el año), son las que registran un crecimiento por encima de los demográficos.

* Indec: Así entonces, San Miguel Arcángel, en el distrito de Adolfo Alsina, perdió el 59,28 % de sus habitantes, teniendo en cuenta los censos de 1960 y de 2010, los últimos oficiales realizados por el Indec. En los sesentas había 1.379 habitantes y en 2010 había caído a 563. Presumiblemente, hoy la cifra sea inferior aún.

* El Perdido: Los datos, compilados en 2014 en el informe de la doctora María Belén Prieto sobre Tendencias del crecimiento demográfico y la distribución de la población en el sudoeste bonaerense, también reflejan la disminución de El Perdido (Estación Guisasola), en Dorrego. Pasó de 1.967 en 1960 a 919 en 2010, con —53,28 %. También se destaca Indio Rico, en Pringles, que bajó a 1.054 habitantes en 2010 después de tener 1.951 en 1960 (—45,97 %).

* En Puan: Una localidad del partido de Puan, Bordenave, bajó a 852 personas en 2010 viniendo con 1.414 en 1960, con una caída del 39,74 %. Villa Iris, en el partido de Puan, cayó el 29,62 % (1.850 en 2010 vs. 2.640 en 1960). Oriente, de Dorrego, cayó el 24, 57 %, con 1.778 en 2010 y 2.357 en 1960.

* Monte, arriba: La localidad balnearia de Monte Hermoso, a poco más de 100 kilómetros de Bahía Blanca, tenía 3.514 habitantes en el censo del año 1991; 5.394 en 2001 y 6.351 en 2010. El crecimiento en esos 20 años fue del 80,7 %. Actualmente, se estiman que residen alrededor de 7.500 personas.

* En las sierras: En Villa Ventana (Tornquist) se censó a 609 personas en 2010 y el registro anterior, de 1990 era de 100 (+ 510 %). También crecieron Bahía San Blas (Patagones), con 661 en 2010 y 175 en 1990 (+ 249 %); Sierra de la Ventana, en Tornquist (225 %, con 2.165 en 2010 y 666 en 1980) y Villa La Arcadia, de Suárez, (137 %) 434 en 2010 y 183 en 1980.

* Curiosidad: Un caso particular se da en el distrito de Villarino, con el crecimiento de Hilario Ascasubi, con el 389 %, con 3.427 habitantes en 2010 y 700 en 1980 y de Pedro Luro, con el 229 %, con 9.494 personas en 2010 y 2.882 en el año 1960. A través de la zona de riego de Corfo, aquí se registra una fuerte presencia de producción hortícola.

La nueva

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Creado por Julio Torreguitart