Animales abandonados: los motivos, las posibles soluciones y cuánto cuesta cada rescate

13.01.2019 20:18

Karina Unzue, Graciela Elosegui y Andrea Villar, proteccionistas independientes, manifestaron su preocupación por una problemática que no parece tener una solución. 

Por Pablo Andrés Alvarez / palvarez@lanueva.com

   No es ninguna novedad que Argentina es un país mascotero; de hecho, lidera el ranking mundial de perros por habitantes.

   Y si bien entre las principales razones de incorporar una mascota a la familia se encuentra “darle un hogar a un animal desprotegido”, las estadísticas de aquellos que viven en la calle es cada vez más notoria.

   Según detallaron varias rescatistas independientes de nuestra ciudad, el número de perros y gatos abandonados en 2018 creció en forma alarmante.

   A su vez, desmitificaron que el verano sea la época del año en la que los dueños dejan a sus mascotas desamparadas.

   “Lamentablemente, todo el año fue parejo y tuvimos muchísimos más casos que en 2017. No pasa por una cuestión estacional”, coincidieron en afirmar Karina Unzue (lidera desde 2013 la ONG “Adoptá”), Graciela Elosegui (desde 2014 lidera “Yo amo animales”) y Andrea Villar (desde 2005 que trabaja en asistir y rescatar animales).

   Y agregaron: “En una decisión que genera preocupación en quienes nos dedicamos a ésto, mucha gente está abandonando su mascota. Incluso, 2018 fue un año lamentable en ese sentido, ya que se incrementó muchísimo la cantidad de rescates y cada vez cuesta más conseguirles un nuevo hogar”.

   “El abandono no sólo se produce por irse de vacaciones y no tener quién se los cuide, sino que está instalado en la vida cotidiana. Es lo primero que desechan cuando ocurre un problema”, señalaron.

   Si bien la Tenencia y la Adopción Responsable son las dos estrategias más eficaces en la prevención de enfermedades zoonóticas y el resguardo del bienestar de los animales, afirman que no hay medidas claras que garanticen el bienestar de perros y gatos que viven en esa situación, pese al esfuerzo que realizan día a día para combatir la problemática.

Los motivos del desamparo

   Más allá que admiten falta de educación, tanto Unzue como Elosegui y Villar remarcaron que la crisis imperante impactó de lleno en el abandono de los animales.

   “Lo relaciono directamente con la situación económica que atraviesa la sociedad; como que la mascota es la primera variable de ajuste para muchas familias, ya sea porque se les enferma y no pueden pagar el tratamiento; porque se reproducen y no les alcanza para pagar vacunas y antiparasitarios o bien porque directamente no pueden seguir alimentándolos”, señaló Karina Unzue, quien logró dar 61 animales en adopción durante el año pasado y ya lleva casi 350 desde que creó “Adoptá” en 2014.

 “Obviamente que la plata no alcanza, pero hay un grado de irresponsabilidad enorme. No se puede tener una mascota sin antes analizar los pro y contras. Nadie abandona a sus hijos, por eso no entiendo por qué tienen estas actitudes con animales indefensos”, agregó Elosegui, quien en el transcurso del año que recién termina le consiguió nueva familia a 30 perros.

   Andrea Villar, quien rescató alrededor de 150 animales (entre felinos y caninos) en los últimos doce meses, coincidió que con Unzue y Elosegui.

   “La gran mayoría de los casos se da por la cuestión económica y también por carencias educacionales. Muchos, al quedarse sin trabajo o ver que las cosas aumentan más que su sueldo, procuran achicar gastos y lamentablemente los animales ingresan en esa variante. También lo que percibí es que mucha gente acude al rescatista en busca de ayuda. Intenta no dejar abandonada a su mascota en la calle, sino que se lo ofrece a alguien para que le busque un nuevo hogar, pero si no se consigue, al poco tiempo encontrás a ese animal abandonado”.

¿Cuestión de clases sociales?

   Karina Unzue manifestó que la mayor cantidad de animales rescatados provienen de los barrios de bajos recursos de nuestra ciudad.

   “Esta situación se da en mayor medida en los barrios de menos posibilidades económicas. Solemos recorrer los barrios periféricos y encontramos gran cantidad de perros en las calles sin dueños. Lo peor es que los animales es que siguen en el sector, fieles a su familia”, manifestó.

   Y agregó: “La atención veterinaria es muy costosa y muchas familias no pueden pagarla. Entonces, al encontrarse sin opciones, prefieren abandonarlos. En clase media vemos algunos casos de maltrato por falta de cuidado”.

   Para Graciela Elosegui la problemática no se puede circunscribir a un solo estrato social.

   “No creo que sea un tema de clases sociales. Hemos rescatado perros de barrios periféricos, pero también hemos tenido casos de gente que fue vista tirándolos de camionetas nuevas. Y también somos testigos de cómo gente carenciada agota todas las instancias antes de dejar a su animal en la calle, pese a la situación económica que atraviesan”, esgrimió.

   Por su parte, Villar señaló que observa sobrepoblación en los barrios carenciados, algo que tampoco es positivo por la falta de mantenimiento.

   “La gente humilde no suele abandonar, pero sí tienen animales por demás y no pueden mantenerlos a todos en buen estado y por eso se ven casos en deplorables condiciones en patios, pero no tirados en la calle. Hay mucha gente de buen pasar que también abandona. Porque se está dando el fenómeno que aparecen perdidos perros de raza, que alguien en algún momento compró, y que no reclaman. Esos son los casos que más me indignan”.

De la detección a la adopción

   Las tres proteccionistas reconocieron que sus labores se inician a partir de un dato o bien de un avistaje en algunas de las recorridas periódicas que realizan. A partir de allí se inicia un arduo trabajo hasta encontrarle una nueva familia.

   “Los tres pilares fundamentales son rescate, recuperación y adopción. Sí o sí cumplimos esos tres ciclos”, explicó Unzue.

Y añadió: “En mi casa he llegado a tener 20 perros, más los 9 de mi propiedad. Tengo una casa normal, en la que convivimos mi marido y mis tres hijos. Pero le he dispensado una habitación para tener los casos más graves. Y el resto anda suelto por el interior y el patio. Una vez que está sano, estudiamos su comportamiento para buscarle la familia adecuada para la adopción. Y una vez que se entrega, ya castrado, le hacemos un seguimiento para analizar su adaptación. Allí se cierra el último ciclo. Y ya llevamos casi 350 casos”.

   “Hay casos que suelo tenerlos más de 6 meses en mi casa hasta encontrar la familia ideal. Antes de dar un perro a una familia sabiendo que va a fracasar la relación, prefiero no entregarlo”, cerró la líder de “Adoptá”.

   Andrea Villar es más conocida por el rescate de felinos.

   “En lo personal, cuando encuentro un animal, muchas veces me lo llevo a mi casa, dependiendo de su estado y agresividad, y otros los llevo a hogares transitorios, mientras les voy buscando un hogar. Y hay otros que tenemos en forma ambulatoria, hasta que alguien los quiera adoptar”.

   “Desde agosto a estos días ya entregué en adopción alrededor de 60 gatos, todos encontrados en la calle, y aún me quedan 8 en mi casa. Hemos encontrado cajas con 8-9 crías recién nacidas. Hoy tengo 28 animales en mi casa. Tengo 10 perros y 18 gatos, de los cuales 15 son míos (5 perros y 10 gatos) y a 13 les estoy buscando nuevos dueños. A eso hay que sumarle 5 en guarderías y 2 en hogares transitorios”.

   Para Graciela Elosegui no es indiferente ver un perro abandonado.

   “Yo no estoy en una buena posición económica, pero agoto todos los recursos para poder ayudar a ese animal. Desde la ONG hacemos un seguimiento muy exhaustivo antes de dar un animal en adopción. No se lo damos a cualquiera. Nos aseguramos que ese perro sea el ideal para esa familia, porque sino el ciclo se reinicia. En estos 4 años llevamos alrededor de 80 perros dados en adopción. Rescatados, muchos más. Y en 2018 dimos más de 30”.

La tenencia responsable, parte de la solución

   Aunque es gran parte de la solución a la problemática, las tres rescatistas bahienses manifiestan que se precisan otras variantes.

   “La gente es cada vez menos responsable de sus mascotas. Estamos fallando en la transmisión del mensaje de tenencia responsable y eso se está sintiendo en la actualidad”, opinó Karina Unzue.

   “Hay que controlar la natalidad. Y la única herramienta es la castración. Allí arranca todo el problema, porque generalmente no hay recursos para vacunarlos y comienzan a generarse muchas enfermedades. Eso es parte de la tenencia responsable, pero todo gira por el tema económico”, agregó.

   Andrea Villar se sumó a esa opinión.

   “La clave es castrar, tanto macho como hembra. Es la única manera de frenar esta problemática de proliferación de animales en la vía pública, porque todos los rescatistas estamos sobrepasados y el sistema está al borde del colapso. Lo que falta es educación en la comunidad y mayor asistencia del estado”.

   “Yo doy turnos en los móviles de castración e incentivo a la gente a llevar a sus mascotas, para evitar las crías indiscriminadas”, agregó Elosegui.

   También pidieron que la gente se vuelque a la adopción, en lugar de comprar una mascota por “moda”.

   “Si la gente no adopta, porque prefiere comprar, el círculo no se cierra. Por eso siempre hablo de la importancia de adoptar y de darle un lugar a una mascota que pasó por momentos horribles y precisa amor de familia”, remarcó Unzue.

   Y solicitaron a la gente que se sume a la iniciativa brindando lo que ellas denominan como hogares en tránsito.

   “Muchas veces tenemos que dejar de rescatar por carecer de lugar en mi casa. Si alguien dispusiera de un lugar, yo me hago cargo de la asistencia, pero lamentablemente no puedo tenerlos a todos en mi casa por una cuestión física”, dijo Unzue.

¿Cuánto se invierte por cada animal rescatado?

   Las tres rescatistas evitan mencionar la palabra “gasto” cuando se refieren al dinero que le destinan al animal que encuentran en situaciones adversas y prefieren calificarlo como una “inversión” para reinsertarlo en la sociedad a través de la adopción.

   Pero en épocas de bolsillos flacos, y sin ayuda del Estado, cuesta cada vez más conseguir ese dinero.

   Por separado, y con rápidos cálculos mentales, Karina Unzue, Graciela Elosegui y Andrea Villar estiman que a cada mascota que encuentran le dispensan entre 5 y 6 mil pesos hasta ponerlo en condiciones sanitarias y físicas.

   “De promedio, en cada caso de animal rescatado se invierten alrededor de 6.000 pesos, entre atención veterinaria, medicamentos o vacunas, alimentación y castración”, señaló Unzue.

   “La mayor parte del dinero sale de mi familia, aunque también recibimos donaciones. Para equilibrar los números estamos lanzando una serie de productos con la marca de la ONG (Adoptá), organizando rifas para poder solventar gastos y hasta ofrecemos una guardería canina en familia, en la que no se utilizan caniles”, añadió.

   Elosegui brindó un número estimado muy similar.

   “Es verdad que se gastan alrededor de 6.000 pesos por perro que se encuentra. En nuestro caso, por carecer de espacio físico, pagamos guarderías. Pero antes de llevarlo a ese lugar, hay que visitar al veterinario, desparasitarlo, vacunarlo, alimentarlo correctamente, porque generalmente necesitan muchas proteínas, y antes de entregarlo en adopción lo castramos. Nosotros recaudamos vendiendo comida, pero siempre terminamos poniendo plata de nuestros bolsillos, que jamás se recupera”.

   Para Andrea Villar, la inversión depende del estado en el que lo hallan.

   “Los gastos son aún más si el animal llega con alguna lesión. En mi caso, arranco el mes con 5 mil pesos de gastos fijos por guardería y, obviamente, a los que tengo en mi casa y a los que están en tránsito debo alimentarlos. Y muchos requieren de comida especial, con muchas proteínas. A eso hay que sumarles vacunas, medicamentos y castraciones”.

   “Yo, por fortuna, tengo mucha gente que colabora. Por ejemplo, tengo un grupo de 40 conocidos que me donan 100 pesos por mes y con eso equilibro la situación con los que tengo afuera de mi casa”.

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