Pan, leche, carne y verduras: cómo afecta el IVA a lo que consumimos

08.06.2019 19:33

Esta semana, la AFIP informó la recaudación tributaria del mes de mayo, el IVA interno (impuesto insignia, según el titular de la AFIP) registró un incremento - en valores corrientes- del 49%, estando una vez más por debajo de la inflación anual.

El Impuesto al Valor Agregado es un impuesto que grava el consumo, se aplica a la venta de cosas muebles, a la prestación de servicios, locaciones de obra y a las importaciones de bienes y servicios. Es un impuesto indirecto, porque mide las actividades sin interesar quien las realiza, por eso es regresivo, ya que aplica la misma tasa para todas las personas, tengan o no la misma capacidad contributiva.

La Ley 26.151, del año 2006, modificó el tratamiento impositivo en el IVA del pan. Con los cambios debería bajar el precio del pan en la venta al consumidor final, pero eso no sucedió.

En la Argentina el impuesto apareció en enero de 1975, con una tasa general del 13% y otra para bienes de lujo del 21%, estando exentos todos los alimentos que integran la canasta familiar dado que representaba un costo muy alto para los consumidores finales. Sin embargo, poco a poco se fue ampliando la base incluyéndose esos productos de la canasta básica. La alícuota del IVA fue modificándose, en 1986 era del 18%; entre 1988 y 1992 bajó al 13%; en 1992 volvió al 18%, y a partir de 1995 y hasta la actualidad es del 21%. Hubo un período (18/11/2002 al 17/12/2003) que se redujo transitoriamente al 19%, pero luego volvió al 21%.

Lógicamente, la disyuntiva que siempre hubo es si debía bajarse la tasa para que no sea resistido su pago o subirse para que se mantenga el nivel de recaudación, ya que sea caro o barato no influye en los niveles de evasión. Otro tema discutido es si debe liquidarse por el sistema de lo devengado, siendo exigible a partir del momento en que se genera el hecho imponible (factura, entrega o pago); o si en cambio, debería exigirse por el método del percibido, naciendo la obligación del pago a la AFIP en el momento en que se cobra la factura, cuestión que parece más lógica porque si no los contribuyentes terminan financiando al Estado. Luego de la sanción de la ley Pyme (27.264), en forma de atenuante las Micro y Pequeñas empresas pueden ingresar el saldo del tributo a los 90 días.

Fuente: El Cronista.

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