Aulas con menos chicos: cómo la caída de nacimientos redefine la educación

02.02.2026

Proyecciones oficiales advierten una fuerte baja de la matrícula. En La Brújula 24, un especialista analizó el impacto demográfico en el sistema educativo.

 La fuerte caída de la natalidad en la Argentina ya no es solo un dato estadístico: empieza a sentirse con claridad en aulas de todo el país. En una década, la cantidad de nacimientos se redujo de manera drástica y las proyecciones oficiales anticipan un impacto directo sobre el sistema educativo en todos sus niveles, desde el inicial hasta la universidad.

Según un informe reciente de Argentinos por la Educación, para el año 2030 habrá alrededor de 1,2 millones de estudiantes menos que en 2023. Esa disminución se reflejará, entre otros indicadores, en una baja inédita del promedio de alumnos por docente: a nivel nacional pasaría de 16 a apenas 12 estudiantes por maestro. El estudio, titulado "Presente y futuro de la cantidad de alumnos por docente y por grado", advierte que el nivel primario será uno de los más afectados, con una caída estimada del 27% de la matrícula en apenas cuatro años, de acuerdo con proyecciones de la Dirección Nacional de Población y datos del Relevamiento Anual de la Secretaría de Educación.

El fenómeno no impactará de manera uniforme en todo el territorio. En números absolutos, las mayores pérdidas de estudiantes se darán en Provincia de Buenos Aires, con 510.433 alumnos menos (-30,5%), seguida por Ciudad de Buenos Aires con 92.540 (-34%) y Santa Fe con 87.770 (-24,5%). En términos relativos, las caídas más pronunciadas se proyectan en Tierra del Fuego (-36,1%), Santa Cruz (-34,9%) y CABA (-34%).

Para analizar este escenario, el programa "Nunca es tarde", que se emite por La Brújula 24, dialogó con Enrique Peláez, investigador del CONICET y especialista en demografía. Peláez explicó que estos datos surgen de las proyecciones realizadas por el INDEC a partir del último censo, aunque aclaró que se trata de una tendencia global. "No es un fenómeno exclusivo de la Argentina ni de América Latina. Está ocurriendo en casi todos los países del mundo", señaló.

Según el demógrafo, la caída se percibe con fuerza en el nivel inicial y en los primeros grados de la primaria, y con el paso del tiempo se irá trasladando al resto del sistema educativo. "Es el reflejo de un cambio estructural en la pirámide poblacional. Cada generación es más pequeña que la anterior", explicó. Peláez remarcó que las causas son múltiples, pero puso el acento en el cambio cultural: la pérdida de los mandatos tradicionales vinculados a la maternidad y la paternidad, la priorización de proyectos individuales, el acceso a métodos anticonceptivos más eficaces y el empoderamiento de las mujeres.

En ese marco, sostuvo que el factor económico influye, pero no es determinante. "Hay países sin las crisis que atraviesa la Argentina que tienen índices de fecundidad incluso más bajos", indicó, y citó el caso de Corea del Sur, donde el promedio de hijos por mujer ronda los 0,7, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional, que es de 2,1.

El especialista advirtió que este escenario obligará a repensar políticas públicas en múltiples áreas. "No se trata de juzgar si la baja de la natalidad es buena o mala, sino de adaptarnos como sociedad a una nueva estructura por edades", afirmó. Entre los desafíos mencionó el sistema jubilatorio, la seguridad social, el mercado laboral, el cuidado de las personas mayores y la organización del sistema educativo. "Si vamos a tener menos chicos, no podemos darnos el lujo de que estén mal educados, mal nutridos o con trayectorias escolares precarias", subrayó.

Peláez también señaló que, si bien existen políticas destinadas a incentivar la natalidad —bonos por nacimiento, beneficios fiscales, licencias parentales—, en ningún país lograron revertir la tendencia de fondo. "A lo sumo, se consigue que la caída no sea tan abrupta. No vamos a volver a los niveles de fecundidad de nuestras abuelas", afirmó.

Finalmente, planteó que el verdadero desafío será anticiparse a los cambios y no reaccionar tarde. "La demografía no hace futurología, aunque sí advierte sobre tendencias claras. Si no discutimos ahora cómo reorganizar nuestra sociedad frente a estos cambios, las decisiones nos van a llegar de golpe en pocos años", concluyó.