Inteligencia artificial: una alerta que vuelve a poner el foco en lo humano

16.09.2026

La Dra. Ana Lucía Nicolini reflexiona sobre el caso ocurrido en Quilmes.

Por Dra. Ana Lucía Nicolini

Hace unos días, un adolescente de Quilmes le contó a ChatGPT que planeaba matar a sus compañeros de colegio. El FBI detectó la conversación, alertó a la policía argentina, y la Justicia allanó su casa antes de que nada ocurriera. No encontraron armas. Encontraron a tiempo a un chico que necesitaba ayuda.

La noticia generó el debate esperado: ¿la inteligencia artificial es peligrosa? ¿Hay que temerle? Es una pregunta legítima. Pero está incompleta.

Porque en esta historia, la IA no fue solo el lugar donde apareció la amenaza. Fue también el mecanismo que permitió detectarla. Sin esa conversación, sin ese registro, probablemente nadie se hubiera enterado a tiempo. Ni la familia, ni la escuela, ni las autoridades.

Eso cambia la pregunta. No es "¿la IA nos hace más peligrosos o más seguros?". Es: ¿qué estamos haciendo, como sociedad, con la información que la tecnología nos está dando?

Vengo diciendo hace tiempo que la inteligencia artificial no viene a reemplazar nuestra inteligencia. Viene a expandirla. Pero expandir no es automáticamente mejorar. Expandir es amplificar lo que ya hay. Si hay dolor, lo expone. Si hay cuidado, lo multiplica. El resultado depende de quién sostiene la herramienta, y de qué hacemos después con lo que ella nos muestra.

Un chico de esa edad no llega a escribirle a un chat sobre matar a sus compañeros porque la tecnología lo volvió violento. Llega ahí porque algo antes se rompió: una soledad, una angustia, una falta de adultos disponibles para escuchar lo que estaba pasando. La IA no creó ese vacío. Pero, en este caso, fue la que lo hizo visible.

Ahí está lo humano de todo esto, aunque suene contraintuitivo. La tecnología no reemplazó la mirada de un adulto atento. La compensó, en un momento en que esa mirada no estaba. Y ahora depende enteramente de nosotros —familias, escuelas, comunidad— hacernos cargo de lo que quedó expuesto. La alerta ya se dio. Lo que sigue es trabajo humano: acompañar, escuchar, sostener.

Esto no es una defensa ingenua de la inteligencia artificial. Es una invitación a mirar el problema completo. Cada vez que usamos estas herramientas —para hablar, para preguntar, para pensar en voz alta— dejamos un rastro de quiénes somos en ese momento. Eso puede darnos miedo. O puede recordarnos algo que ya sabíamos: la tecnología, bien usada, no nos aleja de lo humano. Nos obliga a volver a él.

La pregunta que me queda después de leer esta noticia no es qué tan peligrosa es la inteligencia artificial. Es qué tan disponibles estamos, los adultos, para ver lo que ella nos está mostrando.

Dra. Ana L. Nicolini

La inteligencia artificial no viene a reemplazar tu inteligencia. Viene a expandirla.

Aclaración: La autora de esta reflexión, la Dra. Ana Lucía Nicolini, es oriunda de Tornquist, se encuentra radicada en Bahía Blanca y es doctora en Ciencias de la Computación.

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